24 de septiembre de 2015

El talento profesional del baloncestista Pau Gasol como paradigma emocional de ciertas ideas sobre el deporte, el liderazgo colectivo, las limitaciones humanas y el uso de sombrero

Artículo en Negratinta sobre Pau Gasol, las sospechas francesas y el liderazgo.

El título original del texto (el de este post) tiene su larga razón de ser en un pequeño juego de referencias, tonterías de escritores. 

"Lo que ha hecho Pau Gasol en este último Europeo es la enésima demostración de liderazgo y confianza que les ha regalado a tantos conferenciantes y motivadores profesionales obsesionados con adaptar la competición deportiva a los valores empresariales. Otra master class audiovisual que mostrar a todo el que pretenda liderar un grupo, no sólo por los números inesperadamente estratosféricos de Pau a lo largo de todo el torneo (ya de por sí admirables), sino por cómo ha conseguido empujar al resto del equipo hacia una continua progresión: había que estar a la altura de tanta grandeza. No olvidemos las declaraciones del propio Pau –también de Sergio Scariolo- sobre el menor nivel del equipo respecto a convocatorias previas. Si usted fuera uno de los sujetos implicados en ese nivel menor, ¿no trataría de elevarlo por todos los medios?


Cada partido tiene sus duelos y quebrantos, sus alegrías, pero la semifinal entre España y Francia del pasado Europeo y la exhibición de Pau Gasol fue uno de esos momentos deportivos épicos que hacen..."


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21 de septiembre de 2015

Colaboración entre cuevas

Comienza la colaboración entre esta cueva y La cueva del erizo.

Para empezar, he publicado un micrrorrelato: EL ÚLTIMO TIRO

Tensión, intriga y dolor de barriga, todo en menos de un minuto.


Cuando colgarse el oro es cuestión de recuerdos

Artículo en Negratinta sobre España, el Eurobasket y el BA-LON-CES-TO

"Una de las sensaciones basketeras que está grabada en mi memoria es el frío de aquellos madrugones infantiles para jugar al aire libre castellano, en invierno, sobre cemento, sin importar nieblas ni lloviznas mientras las suelas no empezaran a resbalar. Había que tener muchas ganas de jugar al baloncesto para hacerlo en esas condiciones. Las manos ateridas, violáceos los dedos y rojas las mejillas. Una caída era sinónimo de sangre y mercromina. Pero daba igual: eran más fuertes las ganas de jugar. Ya llegaría el día de poder botar bien el balón en parqué, con gradas, con marcador, con un aro que no..."